ANTONIO GALA VELASCO, Enemigo íntimo

Antonio Gala Velasco nació el 2 en octubre de 1936 en Brazatortas (Ciudad Real). Aunque manchego por nacimiento, Gala afirma haberse considerado siempre cordobés por haber transcurrido allí los primeros años de su vida.

El mundo literario lo atrapó desde muy pequeño y, a los cinco años, ya había debutado en la escritura a través de un relato corto al que se sumó, dos años después, una obra teatral. Estudió desde la temprana edad de 15 años la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla y, como alumno libre, las de Filosofía y Letras y Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Madrid, obteniendo licenciaturas en todas ellas. Por ese entonces, el joven universitario publicó sus poemas en diversos medios como “Escorial”, “Platero” y “Cántico” y fundó dos revistas.

Al acabar sus estudios universitarios, inició la preparación de oposiciones al Cuerpo de Abogados del Estado, abandonándolo en un gesto que él recuerda como de rebeldía ante las presiones de su padre, para ingresar después en los Cartujos. Pero la rígida disciplina monástica no estaba hecha para él, y, como cuenta en su autobiografía, Ahora hablaré de mí (2000), fue expulsado de la orden.

Se traslada a Portugal y comenzó a vivir de forma bohemia. Allí se dedicó a enseñar filosofía e historia del arte y recibió, por su obra “Enemigo íntimo”, un accésit del Premio Adonais de Poesía que marcó el inicio de lo que, con los años, se transformaría en una exitosa y premiada carrera ligada al teatro y al periodismo.

En 1962, el escritor abandona Portugal y se instala por un año en Florencia, Italia, época en la cual publicó poemas de “La deshora” en los “Cuadernos hispanoamericanos”. Con el paso del tiempo, este autor que comenzó a mostrarse con sus clásicos bastones tras superar una grave enfermedad que casi resulta mortal, logró convertirse en una figura popular dentro de la literatura española.

En este sentido, cabe destacar que gran parte de los artículos que Gala publicó en el suplemento dominical de “El País”, fueron recopilados en libros debido a la trascendencia que habían adquirido.

Convertido ya en un personaje altamente popular de la literatura española, comenzó a escribir novelas en los años noventa, iniciándose con El manuscrito carmesí, que fue presentada, y ganó, el muy comercial Premio Planeta

“Más allá del jardín”, “La regla de tres”, “Las afueras de Dios”, “El dueño de la herida” y “El pedestal de las estatuas” son algunas de las numerosas obras escritas por Antonio Gala, un premiado y reconocido español que, más allá de crear textos literarios, presidió la Asociación de Amistad Hispano-Árabe y creó la Fundación Antonio Gala para Creadores Jóvenes que lleva su nombre y se dedica a promover y contribuir con la labor de jóvenes artistas, entre otras actividades. Granada de los Nazaríes o Andaluz, ambos de 1994 y la publicación de recopilaciones como Córdoba de Gala (1993) son fruto de su interés por la cultura andalusí, de la que se siente partícipe.

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ENEMIGO ÍNTIMO

Hay tardes en que todo
huele a enebro quemado
y a tierra prometida.
Tardes en que está cerca el mar y se oye
la voz que dice: “Ven”.
Pero algo nos retiene todavía
junto a los otros: el amor, el verbo
transitivo, con su pequeña garra
de lobezno o su esperanza apenas.
No ha llegado el momento. La partida
no puede improvisarse, porque sólo
al final de una savia prolongada,
de una pausada sangre,
brota la espiga desde
la simiente enterrada.

En esas largas
tardes en que se toca casi el mar
y su música, un poco
más y nos bastaría
cerrar los ojos para morir. Viene
de abajo la llamada, del lugar
donde se desmorona la apariencia
del fruto y sólo queda su dulzor.
Pero hemos de aguardar
un tiempo aún: más labios, más caricias,
el amor otra vez, la misma, porque
la vida y el amor transcurren juntos
o son quizá una sola
enfermedad mortal.

Hay tardes de domingo en que se sabe
que algo está consumándose entre el cálido
alborozo del mundo,
y en las que recostar sobre la hierba
la cabeza no es más que un tibio ensayo
de la muerte. Y está
bien todo entonces, y se ordena todo,
y una firme alegría nos inunda
de abril seguro. Vuelven
las estrellas el rostro hacia nosotros
para la despedida.
Dispone un hueco exacto
la tierra. Se percibe
el pulso azul del mar. “Esto era aquello”.
Con esmero el olvido ha principiado
su menuda tarea…

Y de repente
busca una boca nuestra boca, y unas
manos oprimen nuestras manos y hay
una amorosa voz
que nos dice: “Despierta.
Estoy yo aquí. Levántate”. Y vivimos.

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Acerca de AmaneceGratis

Soy escritora aficionada, en proceso de reinvención y quiero expresar mis sentimientos y opiniones particulares. Nanorrelatos, poemas, literatura...
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