Capítulo 1

Hoy voy a exponer el primer capítulo de mi novela. Está en proceso de creación y posiblemente  modifique algo o todo, no sé. Me encantaría que comentes lo que no te ha gustado y lo que sí. Tu impresión personal. Es poco convencional, pero tengo curiosidad por saber las emociones que pueda generar. Critica constructiva, para crecer y mejorar.

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Capítulo 1

Tomó la taza en sus manos, recostándose en el respaldo y mirando a los tejados. Hacía sol. Sin duda era su lugar favorito de la casa. Una terraza que daba a los patios interiores, no muy grande, con dos sillas de plástico y una mesa redonda a juego. Dos estanterías llenas de plantas, la mayoría silvestres, hacían de ella un espacio alegre y sosegado; casi todo el tiempo la luz y el calor estaban presentes, incluso en invierno. Era reconfortante tener un rincón de paz y armonía donde disfrutar de ese café tan intenso y amargo.

Esa mañana despertó antes que de costumbre. Quizás porque no tenía el deber de madrugar para ir al trabajo o porque no quería acostumbrarse, tan pronto, a no tener que hacerlo. Era la primera vez en 10 años que estaba desempleada, pero ese elixir caliente la sostuvo unos instantes fuera de sus pensamientos.

Alma, se levantó de la silla dejando los restos del café en la mesa, se recogió el cabello moreno y rizado en un moño con la goma de la muñeca; suspiró, y se dispuso a pensar qué haría con su vida. Por el momento fregar esa taza y vestirse.

Vivía en el centro, en un apartamento de los años setenta, con dos habitaciones,  sin reformar, pero bien conservado; lo decoró con una mezcla de estilos retro, vinta-ge e hippy, la verdad que no le costó mucho elegirlos porque el lugar invitaba a ello. Le encantaba poner velas aromáticas y ambientadores con olor a fruta o flores, pero no el incienso. Medía un metro sesenta y cinco, delgada en extremo, con curvas femeninas bien definidas, ojos verdes como su madre y una nariz casi inexistente.

Se puso un vaquero, una blusa blanca y manoletinas negras. Soltó su pelo y lo humedeció para dar forma a sus ondulaciones, ya estaba lista para ir a hablar con sus padres. Ellos aún no sabían que le habían despedido y estaba muy angustiada por tener que contarles el asunto; aunque pensándolo bien, el finiquito le dejó una buena suma y dos años de paro con una cantidad sustanciosa. Tenía tiempo de encontrar otro empleo y mientras tanto vivir más o menos como hasta ahora. Pero su autoestima estaba quebrada. La verdad es que adoraba el trabajo en la universidad, pero a causa de los recortes… Bueno, con su licenciatura de historia del arte y experiencia, algo encontraría.

Salió de casa, fue al garaje y se montó en el coche. Puso la radio, un poco de música la animaría. Arrancó y se dirigió a casa de sus progenitores que vivían en las afueras.

—Alma cariño, ¿qué haces aquí tan temprano? —preguntó su padre al abrir la puerta—. ¿No deberías estar en la universidad? ¿Ocurre algo?

—Pues…, vengo a contaros que me han despedido—. Dijo ella con un tono triste, y esperando su reacción, le miró.

—¡¿Te han despedido?! ¿Qué has hecho? —Gabriel era de la vieja escuela; carnicero jubilado, alto y corpulento, con mirada tierna y manos curtidas, no podía imaginar un despido sin una causa.

—Papá, no he hecho nada. A causa de los recortes, mi departamento ha sido cerrado. Y nos han echado a los diez.

—Pero si hacías bien tu trabajo, ¿no te podían meter en otro? —insistía en lo mismo con otra pregunta acusadora.

—Claro que hacía bien mi trabajo, papá, es más, soy una de las mejores en este campo. Pero las cosas son así, y yo no tengo culpa. Además, con la prestación del paro que me ha quedado, tengo tiempo de encontrar empleo.

—Sí, pero como están las cosas… No sé si…

—Bueno. ¿Puedo entrar y saludar a mamá o seguimos hablando en la puerta? —estaba muy molesta por la falta de comprensión y de apoyo.

Gabriel se sobresaltó, le dio dos besos y pidió disculpas por no haberle dejado siquiera pasar. Se excusó diciendo que no se lo esperaba. Entraron hasta la cocina donde estaba su madre, un ama de casa bajita, con unos kilos de más, de piel morena y pelo rubio. El ambiente estaba impregnado de aroma a comida sureña.

—Mamá, ¿qué estás cocinando que huele tan bien? —dijo con una sonrisa acercándose a darle un beso.

—Hija, ¡qué alegría que hayas venido! ¿Pero no es muy temprano? —la besó con esos besos que dan las madres tan apretados.

—Me han despedido—. Y le contó lo sucedido.

—Pues tú no te preocupes, Alma. Ya verás como todo irá bien—. Rosa era una mujer muy positiva y amorosa con los suyos, no podía ver triste a su niña.

—Claro mamá, eso mismo pienso yo —dijo mientras acariciaba a Serafín, el gato de la familia. Un persa de 12 años, gris y muy cariñoso.

Después de disfrutar de la comida y la sobremesa, con esas discusiones de sus padres tan divertidas, medio en broma y medio en serio, que tanto le hacían reír, miró la hora en su teléfono y vio un mensaje.

—Me tengo que ir, que he quedado —se levantó y les dio unos besos. La acompañaron a la puerta. Desde ella, mientras se dirigía al coche…

—Ven pronto cariño, que ahora estás más libre —dijo Rosa.

—La semana que viene, si quieres, podemos ir al cine —comentó Gabriel con ganas de pasar más tiempo con su hija.

—Te llamo y quedamos, ¿vale, papá? —él asintió con la cabeza. Alma subió al coche y se marchó saludando.

“Bueno, pues ha ido bien. Mi madre tan positiva como siempre…es un cielo. No sé porque estaba tan preocupada por contárselo, supongo que será porque me avergüenza en el fondo… ” Pensaba mientras conducía y no se dio cuenta de que se saltaba un semáforo en rojo. En ese momento una furgoneta que circulaba perpendicular a su dirección, frenó bruscamente al ver que se cruzaba en su camino. Pero ya era tarde. Alma, no entendió lo que estaba pasando. La furgoneta se empotró en el lado del conductor. Saltaron los airbags de ambos vehículos. Los cristales de las ventanillas se hicieron añicos, clavándose algunos trozos en sus ojos y en su rostro. Pudo escuchar como se le rompían los huesos de la pierna, que desgarraron el muslo al salirse de su sitio. Se quedó sin respiración, a causa del cinturón de seguridad, que hizo bien su trabajo. El hombro izquierdo, se dislocó por el impacto. El coche era un amasijo de hierro y sangre. El conductor de la furgoneta estaba aturdido, al dar el golpe frontal el airbag le protegió y no sufrió grandes daños. Sin embargo, Alma, quedó inconsciente en su asiento.

La gente se acercó a ver que pasaba, algunos llamaron a las autoridades pertinentes. Cuando llegó la policía, dirigió el tráfico hacía otras calles. Poco después acudieron dos ambulancias y se llevaron a ambos conductores.

 Alma empezó a volver en sí, desorientada oía la sirena. Intentaba incorporarse pero no podía, todo su cuerpo era dolor y estaba inmovilizada. Miró a su alrededor, queriendo descifrar que ocurría, pero no halló consuelo. Perdió otra vez el conocimiento mientras llegaban.

 

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Acerca de AmaneceGratis

Soy escritora aficionada, en proceso de reinvención y quiero expresar mis sentimientos y opiniones particulares. Nanorrelatos, poemas, literatura...
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